DE LAS HUELLAS DEL INCA

Desde tiempos lejanos al nuestro cuentan que el Inca trajo agua desde el Cusco, atravesando selvas y desiertos. Encontró agua por debajo de los cerros y también en un pequeño riachuelo. Después del gran diluvio que inundó varios lugares, hubo un río que aumentó de tamaño en gran cantidad, consagrándose como el más imponente entre todos. El inca unió las aguas, desde las cristalinas hasta las aguas estancadas de algunos cerros nevados, consiguiendo que el Cusco y Copacabana sean solo uno.

En la región de Ch’alla, el inca encontró un cerro de oro puro, alzó su honda y empezó a arrojar el oro hacia el lago. Ese cerro se consideraba demasiado peligroso, ya que cuando una persona o algún animal pasaba por ahí, moría. Del cerro bajaban unos escalones que llevaban a una profundidad inmensa. Los pocos que accedían al cerro, eran los que lograban ver la unión y majestuosidad de dos partes juntas al fin.

Narrado por Ignacio Quispe de la Isla del Sol (La Paz)